NUESTRO PERIÓDICO DESDE SU FUNDACIÓN EL 13/06/2010 AL DÍA DE LA FECHA

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NACIMOS LIBRES, SOMOS LIBRES Y CONTINUAREMOS SIENDO LIBRES

miércoles, 8 de septiembre de 2010

REMITIDO




 POR  MARI NIEVES VÍDA VERDÚ

           ¡Ay, la Feria!

A estas alturas, cuando los feriantes recogen sus bártulos, en busca de otras ciudades, de otras fiestas, donde encontrar mejor sustentos que el que de aquí se llevan, una sigue envuelta en la duda.
¿Pero como se llama realmente la Feria de Melilla?
¿Podemos decir ya, sin miedo a equivocarnos, que las Fiestas patronales en honor a la Virgen de la Victoria, han muerto?
Una ciudad que huye, cobardemente, de su historia y de sus tradiciones, es una ciudad condenada a la desaparición.
Si los ciudadanos melillenses, como siempre, dormidos en la autocomplacencia, dejamos pasar el robo de una seña de identidad, como otra cualquiera, por la clase política gobernante, sin una queja, sin una manifestación popular en contra, sin un clamor, siquiera mínimo, dejamos pasar el momento de reafirmarnos como ciudad, como pueblo, como historia. Si los ciudadanos melillenses, dormidos, repito, consentimos que nuestras vidas dependan, hasta en algo tan elemental, como es lo social y diversión, de la decisión de unos políticos, que ya han demostrado hasta la saciedad, que viven de espalda a la ciudadanía, los ciudadanos hemos perdido algo tan básico, como es el derecho a decidir, que es lo que queremos y como lo queremos.
Hasta las mismas narices  de que los politicastros de turnos decidan por mí, que debo comer, beber, fumar, como tengo que divertirme, cuando y donde y hasta que hora, forma y momento, creo que, decididamente, me voy a pasar al bando de la contra, sea de lo que sea.
Y ya no es que, por más que desde los medios, de riñones bien cubiertos, me quieran convencer del éxito de una Feria, que vista en directo, en sus tres vertientes horarias, mediodía, tarde y noche,  me hayan parecido un autentico muermo, acercándose, año tras año, que van tres, al calificativo de bodrio inconmensurable, sea por llevar la contraria, sea por eso que me dicen, de criticar por criticar.
No.
Es que estas Ferias nuestra, se han convertido en un escaparate de mesas con mantel, comidas de empresa y amigos, con  poca actividad más, que no sea la pesada manía de hacernos a todos bailarines consumados de salsa y otras especias, entrega de bandas de mises, pequeñas y grandes que, como siempre, van a recaer en quienes todos sabemos, aunque alguna excepción habrá, aunque solo sea para confirmar la regla.
Por si en mis cuatro salidas al ferial, no tuve la oportunidad de percibir el muermo absoluto en toda su intensidad, me he empapado de las muchas, cientos de fotos que algunos medios nos han regalado. Agradecida.
Un año más hecho en falta el baile, no el de academia y espectáculo, el popular, el baile de caseta, la música bailona, esa que, acompañada de mojito y del rebujito, o del fino tradicional o la cañita de toda la vida, te empujaba al espacio habilitado, donde, expulsada la vergüenza al ridículo, por los vapores del buen vino,  el melillense se lanzaba dispuesto a deleitar a los mirones, con saltos y piruetas, incluso sevillanas imaginarias, que nunca aprendidas, sin mas, ni mejor intención, que quemar alcohol, divertirse y poder llegar a casa diciendo aquello de : “muertita vengo”, a descansar y coger fuerzas para mañana, que repito.
No lo he visto este año. Hartita de ver a los cuidadnos, perfectamente alineados, repitiendo todos los mismos pasos, las mismas piruetas, haciendo del baile, una especie de colectivo más, donde todos, por mor de no se que moda, tenemos la obligación de saber que ahora al izquierda, ahora a la derecha, brazos arriba, piernas a un lado, sin posibilidad alguna de decidir, por uno mismo, si me da la gana de pegar saltitos, o mover el culo de un lado a otro, cuando quiera y como me parezca.
Un pueblo de borregos que deja que sean políticos trasnochados, fuera de toda percepción real, demodé, sin perspectivas de futuro alguna, que tuvieron su momento y su hora, hace siglos, cuando lo hicieron bien, quieran inventar algo, que no es nada, para lo que ya han perdido toda capacidad.
Una feria que empieza con una mentira, que deja fuera a feriantes, por falta de espacio (mentira), que da excesivo espacio a quienes no tienen espíritu de feria, espacio a los que los melillenses, ignoro el motivo, no acuden, ni siquiera los de su propio colectivo, yo tampoco, este año, no he tenido el placer de probar lo que el anterior me pareció un monumento a la fiesta, su exquisita leche de pantera.
Para compensar, decir que el mojito de la taberna del Lolo, ha sido mi fiel acompañante este año.
Para que hablar más… La Feria me ha decepcionado, no mucho más de lo que me decepciona, día a día, un gobierno, unos políticos, que de cualquier cosa, hacen un acto electoral y que aprovechan cualquier oportunidad, para sacar rédito de votos.
¿Para cuando un movimiento ciudadano que los ponga en su sitio?